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Hoy más que nunca… ¡2 de octubre, no se olvida!

De 1963, al ‘66, para llegar al ‘68, en breve

Adrián Landeros

Muchas veces la historia prepara, avisa. Va hilvanando sucesos que nos hablan de un resultado próximo, de un desenlace latente que muchas veces trae situaciones funestas…

Hace 63 años, en Morelia se vivía una disputa interna fraguada desde fuera, más específicamente, y para no variar, en nuestra Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En ese tiempo, el Rector Elí Eduardo de Gortari de Gortari cumplía dos años en su encargo, y con su amplia visión científica había promovido un modelo de Universidad tendiente a diversificar y ampliar su alcance en opciones académicas y en ofrecer oportunidades para que la educación cubriera a sectores sociales relegados; evidentemente con una visión de izquierda.

Cuando parecía que las cosas iban tomando un curso positivo para la mayoría del sector estudiantil, llegó a la gubernatura Agustín Arriaga Rivera, quien tomó un papel de oposición a la administración del Rector, y mediante el uso de sectores contrarios al Rector se movieron los hilos para comenzar una campaña para destituirlo, lo cual, lograron en 6 meses que culminaron con profesores y alumnos detenidos y lamentablemente, la muerte del nicolaita Manuel Oropeza García a manos del Ejército, ocurrida el 15 de marzo de ese mismo año.

Todo este clima de opresión y control del sector estudiantil originado por la actuación del gobierno estatal permeaba en Michoacán, incluso después de 3 años; en 1966 se volverían a conjugar los factores: durante una manifestación estudiantil por el alza al transporte, y tras un enfrentamiento impulsado por fuerzas de choque de grupos afines a las autoridades, se suscitó el deceso del estudiante nicolaita Everardo Rodríguez Orbe, hace 60 años, el 2 de octubre, precisamente.

Tal vez se puede cuestionar si estos hechos dieron impulso a la activación de los suscitados en la Plaza de la Tres Culturas el fatídico 2 de octubre de 1968, pero lo que no se puede poner bajo interrogante es que luchar por causas donde la petición es justa, sin violencia concertada y bajo cauces legales amparados incluso por la Constitución, no pueden ser motivo de acciones que incriminen y sean excusa para reprimir con fuerza letal a ciudadanos que solo buscan ser escuchados y atendidos. Atentar contra la vida de una persona, solo por proteger intereses que tienen que ver, nada más y nada menos, con la “noble causa” de conservar el poder y por ende estatus de privilegio, indigna como humanidad.

Cuando estos intereses valen más que una vida humana, reflejan uno de los actos más viles que se pueden llegar a cometer en un supuesto mundo civilizado; es una vergüenza que a 58 años de la matanza de Tlatelolco, los derechos a la libertad y a la vida, sean minucias indignas de respetar y preservarse.

Por eso hoy, como siempre, la voz de quienes exigen, marchan y no olvidan debe retumbar con la frase ¡2 de octubre, no se olvida!    

Libros consultados: “Historia de la Universidad Michoacana”, de Raúl Arreola Cortés, y “La Universidad Michoacana y sus rectores. 1917-2017”, coordinado por Sánchez Díaz Gerardo.

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